Día del Respeto por la Diversidad Cultural

En la sala Mimos ( sala de 4 turno tarde) compartimos la lectura del libro “Nuestra piel arcoíris” de Manuela Molina Cruz, un relato que nos invita a mirar con amor y respeto la diversidad que habita en cada uno de nosotros, valorando aquello que nos hace diferentes y también lo que nos une como seres humanos. 

A partir de la lectura, conversamos sobre los distintos colores de piel, observando que no existe uno igual a otro: cada tono es único, especial y forma parte del hermoso arcoíris humano que todos conformamos. Rápidamente surgió en ellos la curiosidad por observar sus propias pieles, comentando con ternura y naturalidad: “Yo soy más clarito”, “Yo tengo la misma piel que mi abuela”, “Ella la tiene más marroncita”. Cada expresión estuvo cargada de amor, respeto y aceptación hacia la diversidad que los rodea.

Luego de conversar y observar las diferencias entre los tonos de piel, los Mimos se entusiasmaron con la idea de crear sus propios colores. Buscamos témperas blanca, amarilla, roja, marrón y negra, y comenzamos a experimentar. Entre mezclas, risas y comparaciones, todos y todas observaban su piel, probaban nuevas combinaciones y buscaban aquel tono que más se pareciera al suyo. Asi, surgieron colores cálidos, suaves, profundos, con los que ellos y ellas se sintieron representados. 

Con los tonos ya preparados, colocaron una pequeña muestra de color dentro de unas cajitas transparentes, para poder compararlos. Estas paletas se convirtieron en una guía para cuando llegara el momento de dibujar sus rostros, pudiendo observar las distintas tonalidades y elegir la que más los representara.

Frente a los espejos, cada uno se miraba con atención, deteniéndose en los detalles, las pequeñas particularidades que los hacen únicos y únicas. En ese proceso de observación y elección, la identidad se volvió visible: cada trazo y cada color elegido hablaban de sí mismos, de su historia y de cómo se perciben en el mundo.

Para finalizar la experiencia, los Mimos crearon arcoíris con los colores de la piel: primero, los construyeron con pequeños papeles en collage, combinando tonos claros, oscuros, rosados y marrones que, al unirse, formaron un arco lleno de vida y significado. Luego, utilizando los colores que habían preparado, pintaron sus manos y dejaron sus huellas sobre un gran arcoíris. Cada marca fue una presencia, un gesto de identidad y pertenencia.

Al observar el mural terminado, comprendimos que, cada tono, cada huella y cada persona son necesarias para construir algo bello y completo.

Así celebramos la diversidad: reconociendo que nuestras diferencias nos unen. 







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