Textos cifrados

Compartimos el trabajo de Melisa Fortunato, de 6°A, que se puede leer en la revista "Alfonsina te la cuenta"

Los alumnos de 3º A y B  ya publicaron la revista  «Alfonsina te la cuenta«. En ella podemos leer los distintos trabajos realizados.

Compartimos el de Melisa Fortunato de 6º A.

La literatura en mí

Durante los primeros años de mi vida, la literatura era un misterio para mí, siempre había querido saber cómo hacían los grandes para descifrar lo que estaba escrito en esos papeles.

Al comienzo me gustaba agarrarlos e inventar mis propias historias. Mi papá y mi hermano, algunas noches, luego de insistir hasta agotarlos, me leían alguna historia.

Recuerdo que una vez, a los cinco, mi papá me regaló una colección de cuentos con muchas ilustraciones y pocas palabras. Amaba esos libritos, recuerdo haberlos leído hasta el cansancio.

Ya a los ocho se me dio por leer algo un poco mas gordito y fue un libro que me dio mi hermano Sebastián que se llamaba »El niño envuelto» de Elsa Bornemann, sé que con ese nombre tal vez no se les hubiese ocurrido leerlo, pero como me lo había dado mi hermano lo leí… hasta el día de hoy lo recuerdo; contaba la historia de vida de un niño llamado Andrés, lloré, reí y aprendí.

Lo que más me fascinó de este libro fue que Andrés decide escribir en un idioma propio que solo él y sus amigos pudieran comprender, a la hora de leer era todo un desafío. Las letras A las cambiaba por las E, sustituía las E por las A, donde había una I se encontraba una U y, al revés, una U donde se hallaba una I. Solamente la letra O permanecía tal cual. Al principio resulto difícil, pero fue cuestión de práctica. Hasta solía dejarle a mi hermano cartas cifradas.

Extracto del libro

*Mensaje Ultrasecreto Nº2

«Astoy e pinto da ravanter da contanto; le elagrua ma llane como al eure. ¡Soy in globo! Peile acapto cesersa conmugo y ma jiro ma ve e qiarar heste le miarta. Yo la duja qia corto eno corto fuarro con todes les chuces dal gredo y qia solemanta le voy e murer e alle direnta tode mu vude.»

*»— ¿Qué vas a ser cuando seas grande?— me pregunta todo el mundo. Yo aparte de contestarles: » Astrónomo» (o »colectivero del espacio»… porque nunca se sabe), tengo ganas de agregar otra verdad: »Cuando sea grande voy a tratar de no olvidarme de que una vez fui chico…»

*»…Mami, ¿Qué quiere decir »adoptivo»? ¿Es una mala palabra? – le pregunté a mi mamá al concluir con el relato de lo ocurrido en clase.

-No, Andi, todo lo contrario, es una hermosa palabra… Encierra puro amor en sus ocho letras, aunque para entenderla tendrás que saber primero algunas otras cosas.

Entonces me explicó:

-Muchas mujeres desean tener un bebé (como yo también quise tenerte y, por suerte, te tuve), pero no pueden formarlo dentro de su cuerpo. Entonces, como existen en el mundo muchos chiquitos que se quedan sin mamá, o sin mamá ni papá, adoptan a uno de ellos. Adoptar significa criar un niño exactamente igual como si fuera el propio hijo.

También hay mujeres que ya tienen sus hijos biológicos (que así se llaman los que se forman dentro de sus cuerpos) y adoptan uno. Es que -desgraciadamente- existen muchísimos bebés que perdieron a los padres… se les dice »huérfanos”

– ¿Y dónde viven ma?

– Por lo general, en unos establecimiento conocidos como »orfanatos», hasta que alguien como la mamá de Gerardo, decide ir a buscarlos.

– Entonces… si cada familia adoptara a un bebé, ¡no existirían los orfanatos!- exclamé, impresionado por lo que mi mamá me había contado.

 

*»-La vida es hermosa, Andi, por eso a nadie le gusta pensar en que algún día ha de morir. Porque morir significa el fin de la vida… ¿Y a quién puede gustarle que algo hermoso termine? Sin embargo, la vida nos es dada como en préstamos. Unos antes, otros después, algunos jóvenes, otros viejitos; tarde o temprano, así como nacimos también moriremos. Todos. Absolutamente todos. Y no solamente las personas sino también los animales… las plantas… A cada uno de nosotros le es dado únicamente cierto tiempo sobre la Tierra. Este tiempo puede ser breve o prolongado. Una mariposa, por ejemplo, vive unas horas, mientras ciertos árboles existen durante ciertos de años… Nosotros, los seres humanos, podemos llegar hasta un poco más allá de los noventa.

En general, la muerte nos asusta y nos entristece y sería tonto que callara o disimulara esta verdad y te dijera que no. Nos asusta porque no sabemos casi nada acerca de ella y todo lo desconocido produce cierto temor, aunque creamos en Dios y tengamos mucha fe en El. Nos entristece porque no es posible volver a ver a quien se ha amado, es muy triste extrañarlo, es muy duro sentir el vacío de su ausencia sabiendo que nunca va a regresar. Pero una cosa es importante tener en cuenta: Aunque no podamos verlo, eso no significa que ha desaparecido totalmente. En primer lugar, seguirá vivo en el recuerdo de quienes lo quisieron. En segundo lugar, seguirá viva su alma. Cien veces oíste decir que cada uno de nosotros tiene un cuerpo y un alma, ¿verdad? Pues bien, puedes ver y tocar tu cuerpo y también el mío y el de los demás… En cambio, tu alma no te es posible ni verla ni tocarla; es la parte tuya no corporal pero la más importante. Es la que hace ser la clase de persona que cada uno es. Bueno o malo, sensible o insensible, generoso o egoísta, es debido al alma, que es hermosa o fea, y no porque se sea hermoso o feo de cuerpo.

El cuerpo se desgasta, pero creemos que el alma no; jamás… Cuando uno muere es solo el cuerpo el que desaparece. La mayoría de los hombres creemos que el alma emigra a otra parte, que se separa del cuerpo en el momento de la muerte para volver al lugar de donde partió cuando nacimos. Y como no recordamos ese lugar y el cielo es tan maravilloso, decimos que se va al cielo. »

 

La influencia más grande en mi adolescencia fue por parte de mis profesoras, más que nada Valeria Nusbaum que compartió conmigo los mejores libros que había leído hasta el momento, implantó en mí el hábito de leer, me transmitió su amor por la literatura y me enseñó que hay libros para todos, solo hay que saber buscar.